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Terra
La Coctelera

maneras de ver (corregido y aumentado)

escribir otra vez. tomar la pluma a media tinta. enfrentarme al papel. pa qué. pa qué otro discurso más. de qué sirve otro poema. no ya se ha escrito bastante? tantos libros, tanto escritor. tanta palabra impresa, tanta de mano en mano, de boca en boca. tantas librerías y bibliotecas. no ya se ha hablado de todo? qué hay que no se haya hablado o escrito? nada. ya no hay historias nuevas que contar. no tiene caso repetir lo mismo. pa qué hablar de nuevo del amor, de la libertad, de la justicia, de dios, de sexo. tanta temática trillada. tanto narrador, tanto novelista, tanto poeta. pa qué intentar ser uno más, si no se ha sabido de alguno que haya evitado una guerra. si el mundo sigue ardiendo y no hay verso que lo impida. no hay una rima que frene la miseria. no hay una frase que sea capaz de aniquilar el olvido. quién se ha plantado enfrente de los cañones con una poesía. quién con su poema ha intentado apagar un incendio. quién a cambio de una metáfora te regala un pan. no sirve de nada. no se llega a nada. debo hacer caso. dedicarme a otra cosa. no escribir más. dejar entonces de perder el tiempo.

escribir otra vez. tomar la pluma a media tinta. enfrentarme al papel. voltear y ver que todos se han ido, que no me queda nada más que eso. y entonces derramar las letras. y entonces aventurar. quitarme las ropas. buscar rincones honestos. inventar de nuevo el mundo. recrear el amor. limpiar la sangre. sacudirme el polvo. recoger a los borrachos. ponerle alas a los viejos. bailar con prostitutas. incendiar los edificios. destruir los autos, los aviones, la televisión. resucitar cada árbol crucificado. darle sueños a los pobres. ponerle caderas anchas a los homosexuales. ampliar los hombros de las lesbianas. invitar a cenar a los drogadictos. quebrantar las fronteras. romper credenciales. doblar cada una de las monedas. cantar con los mudos. prestarle la guitarra a los mancos. fumarme algunas plantas con dios. deshojar la biblia. apagar la violencia. encender el alma. aparecer a los desaparecidos. abrir las jaulas. volver mariposas las armas. hacer del odio chingos de arcoiris. jugar con el lodo. desatar los cuerpos. desobedecer las reglas. volverme salvaje, loco, niño. encontrar un sentido. llegar a algo. no hacer caso. seguir y seguir escribiendo. y entonces encontrar el tiempo.

ella

ella es la cerveza turbia que el borracho se niega a beber. el vientre prohibido del sacerdote homosexual. la saliva ajena que sabe así mismo. el corazón que palpita en la ciudad de los muertos. ella es la independencia de un país violado. la navidad de un cristo muerto de hambre. el día del dinero cuando no hay caridad. ella es la que coje con zapatos y sin música de fondo. con la vagina descubierta y los sueños encajonados. ella es el hombre millonario sin una pizca de monedas con valor. el candidato a diputado de un pueblo moribundo. el líquido seminal que humedece fríamente los pezones. ella es la política que va más allá del asco prehumano. el resistol que inhala la niña de los aretes de frío. ella es un tren de sueños indocumentados. la bala de mentiras que mata la verdad. el río de cemento y con peces de mierda más caudaloso. la flor de alambre. la estrella de control remoto. mariposa de algodón. vida de cemento. corazón en polvo. ella es lo absurdo. lo irónico. la paradoja. la contrariedad. ella es el beso que asesina la edad del viejo. la ilusión de noche que se vuelve desaliento por la madrugada. ella es el amor en un cuerpo baldío. la mesera clandestina de una cantina triste. el cinépolis asistido por domados. el vagabundo que nunca se verá entre las piernas de la señorita simpatía. ella es la mentada de madre en el estadio vacío. el hombre en la frontera asesinado por su propia orina. la mujer poeta que baila versos en el gitano. el vendechicles en su auto con llantas deshidratadas. el homosexual que vende elotes y exige equidad a cambio de una sonrisa. la ultima canción de un sábado el parque de la marimba. ella es la más anciana de este kinder obligado. la clase de civismo anulada de esta secundaria. la medalla de oro que no se gana por diarrea. ella es la esperanza. ellas es la culpable. ella es mi tranquilidad. mi deseperación. ella es el, el es lo absurdo, lo irónico, lo paradójico, la contrariedad. ella es chiapas.

y aun eramos niños

Porque no todo estaba perdido. Porque aún quedaban restos por rescatar. Porque las calles eran violentas. Porque el sistema seguía golpeando y aquel amor nos tenía jodidos. Por eso seguíamos ahí. Resistiendo. En pie. A la par…
Mientras el mundo ardía nosotros cogiamos entre su fuego.

sara

la inocencia deambula bajo piel, la sinceridad aflora en su minúsculo cuerpo, aún no sabe de las estructuras del mundo, ni de las mañas y reglas de los adultos -aunque pronto tendrá que saber y ser víctima de ellas-. vive su propia realidad, su propia espontaneidad. la natura aviva a su mayor expresión. sara, la niña, prefiere jugar con las figuras masculinas de su edad, no es que le moleste relacionarse con las niñas, sino que encuentra algo especial en los niños. a los siete años sólo le es substancial lo que le provoca el instante, sólo le es significante lo que le haga brotar una sonrisa, un gesto, un gusto. a los siete años la vida es lo que debe ser: un simple juego . un juego en el que ganar no significa arrebatar sino llegar, y perder no se reduce a fracaso sino a esperanza. un juego donde caer es antónimo de miedo y cicatriz sinónimo de sueño. mientras sus amigos van aprendiendo a levantarle la falda a sus compañeras, sara va aprendiendo a olvidar sus muñecas: todas bajo la cama con los ojos entreabiertos, desnudas, vírgenes, vejadas. juegos de cocina semidestruidos, colores pasteles sin usar, listones ignorados y burbujas de jabón ausentes de interés. sara se despreocupa por peinarse, el espejo es una parte más de la pared, no cumple en ella ninguna función. juega o al menos intenta participar en juegos de niños, cuando ellos lo permiten. su rol es extraño para los demás. sara no se da cuenta, sara no entiende tabúes, sara ignora dogmas, sara juega al fútbol, no le interesa vestir y desvestir muñecas, le sientan mal los maquillajes, odia los relojes, las pulseras. lo único que le simpatiza es su payaso de trapo, a quién abraza, a quien da vida: voz, movimiento y oído. payaso que se vuelve real y a su vez cómplice de confesiones e ilusiones.

los años vividos de sara suman veintidós, la inocencia espaciosamente se ha disuelto. su cuerpo ha crecido visiblemente. maquillajes y cremas dan color y textura a su piel. su figura curvilínea arranca miradas a su paso. sara es sexy, deseada, desposeída. sara camina armoniosamente, como si sus piernas suspendiesen en el aire, como si sus brazos fuesen alas de un fastuoso pájaro. los labios y ojos son perfectamente delineados. sus pantalones totalmente ceñidos al cuerpo, sus senos y nalgas lucen firmes y apetecibles, su andar es delicado, su hablar cortés y su aroma suave, fino, afable. su habitación se satura de accesorios y productos embellecedores, su guardarropa fulgura repleto de prendas en moda de considerable valor. su espejo ahora es parte de sí misma, es su extensión, se ha vuelto su cómplice, su amigo, a quien cuenta y pregunta su estado de ánimo mientras su payaso yace ahora bajo la cama: olvidado, desvirginado, vejado. sara ahora tiene muchas amigas, asiste a los antros ,va de compras y odia escuchar diálogos de fútbol. a sara le interesa el glamour, le reconforta salir en las paginas de gente bien de los periódicos. sara come poco y compra mucho, sara habla de bienestar, oye de status. sara es totalmente social, totalmente bella, totalmente palacio. a los veintidós años se vive velozmente y se teme a envejecer. a los veintidós la vida ya no se juega: se lucha. una lucha en la que ganar es ser reconocido y esto equivalente a éxito, y perder va paralelo a no pertenecer, a estar fuera; sin lugar, sin forma ni espacio.

sara se sienta frente al espejo. ya no alcanza a verse con claridad. ya no consigue delinearse con exactitud, su cuerpo ha perdido firmeza, aunque su olor sigue siendo fino. a los setenta años sara siente que la vida es tan absurda como lógica; tan abstracta como concreta; tan eterna como fugaz; tan negra, tan rosa y tan gris a la misma vez. mientras sus ojos cansados anclan su mirada en aquel viejo payaso que ha encontrado después de años, sara finalmente se pregunta si fue su vida decisión propia o inducida por una presión social. sara vivo noverntaydos años y fue enterrada junto a su payaso.

al blues del Real y al Kamaléon, por tanto sol y tarde sobre la misma banqueta

íbamos creciendo, en los patios se quedaban solas y sucias las canicas, las habíamos cambiado junto con nuestras voces de niños mimados por trocitos de sueños rebeldes. y algo nos faltaba. y algo nos golpeaba. papá enmudecía en un viejo álbum tomando nuestros hombros, esos que han crecido y no han vuelto a sentir sus manos. mamá no sabía de ruidos estridentes; siempre nos ha amado pero a veces no logra entender cuando pintamos de bluses los cuadernos ni cuando rayamos con poemas rojos la pared. como quiera que sea, ella es la razón por la cual seguimos gritando sobre los escombros de esta estepa de humo a ritmo de rock. hoy estamos aquí, nos duele el mundo, la calle, el sistema; somos rupestres, sencillos y feos, pero siempre con algo que proponer; tenemos amigos con quienes curamos a risa los golpes y además cantamos desentonados en examen final de universidad.

A Dani (por mostrarme cuando el mundo no aburre)

Al borde de este lugar con aliento a perro moribundo. Busco dentro de mis restos viejos un pedacito de Dios que me haga volver. Amanece y la paz despierta borracha entre las piernas de un tiempo violento. Anoche junto con Dios se bebieron el mundo a sorbitos.

La desolación seduce estas calles con asfaltos mojados de miedo. En la acera mi fe malherida corre en busca de una muerte mejor. La apatía se sienta sobre mis piernas, desayuna mi vista y se cena sólo un café de mis brazos cansados.

La tarde es dueña de un hotel de paso. Duerme mientras los días golpean recio los ojos. El corazón se vende a precio barato en el mercado. Y yo sólo espero a que algo reviva mis ganas de andar. Cualquier razón, cualquiera que sea…

Al final, llegas con tus gatos azules a sacar de ahí parte de mis restos perdidos, parte de mis sueños luídos, de mi vida manchada de mierda en un callejón.

Gracias por cuidar las bardas de mi soledad. Por alimentar con tus días los huesos de mi sombra. Por fumarte mi miedo, mi olvido, mis ganas de morir. No pares, no dejes nunca de hacerlo, no.

crónica de un roto tiempo

Esta vez no escribiré para la noche, voy a escribir para ti. Te inventaré en un poema de amor y nos iremos juntos a mirar la ciudad, como antes. Tengo todo preparado. Un viento que empezó no se donde y que me recuerda que esta soledad que me muerde te necesita cada rato más. En la azotea unos gatos cogiendo que me dicen que a veces los instintos pueden más que la razón. Que lo animal no se nos quita con nada. Unos perros que ladran y ladran (y vuelven a ladrar) que se están volviendo locos de no ver nada. Y este tic-tac del reloj que ha hecho que mi taza de café se enfrié y no me sepa igual. Y te bebo sorbo a sorbo. Y te pienso. Y te busco dentro de única frontera con el mundo. Y te hablo: ángel, bebé, chiquita. Ni madres. No se si no estás o si ya no hablo tan fuerte. Me fumo un silencio y me doy cuenta que los gatos ya terminaron pero que el otro ruido sigue ahí. Tic-tac, tic-tac, tic-tac.... Vuelvo a beberte, a pensarte, a buscarte. No se si como necio, como perseverante o como pendejo (lo más seguro). Esta vez no importa, te necesito. Y así sin poder inventarte, sin completar el poema. Un aullido me alcanza (el de una perra azul) y me encuentra sin Dios. Es entonces cuando descubro que la poesía está en ese burdel después que amanece. Cuando todos se han ido y la puta con sus medias seca su llanto. Y que el amor anda suelto en las calles. Es esa niña drogada pidiéndome un peso. Es ese anciano con frío muriendo de olvido. Es esa loca que grita y me mienta la madre. Es ese gobernador que nos roba para darle de comer a sus hijos y llevarle una flor a su esposa. Ángel, bebé, chiquita.......

025

Este ya no es un papel. Es el país que nos ha visto crecer. Es la ciudad donde podemos andar libres por sus calles. Es la esquina donde logramos gritar sin que nadie nos ordene a bajar la voz. Es la inocencia que nos hace quedarnos a jugar canicas y olvidarnos de las tortillas. Es la ingenuidad con que miramos a la vecina desnudarse y meterse los dedos. Es la pared donde pintamos nuestros sueños, nuestra sexualidad, nuestras masturbaciones. Es el cuerpo de un ángel alejado de toda censura. Es su lengua, su saliva, sus senos pequeños, su pezón erecto. Es el patio donde el muerto silba y se sacude el polvo. Y tú y yo habitamos aquí desde hace un momento. Desde que decidiste por cualquier motivo o circunstancia empezar a leer este papel
que ya no es un papel.