íbamos creciendo, en los patios se quedaban solas y sucias las canicas, las habíamos cambiado junto con nuestras voces de niños mimados por trocitos de sueños rebeldes. y algo nos faltaba. y algo nos golpeaba. papá enmudecía en un viejo álbum tomando nuestros hombros, esos que han crecido y no han vuelto a sentir sus manos. mamá no sabía de ruidos estridentes; siempre nos ha amado pero a veces no logra entender cuando pintamos de bluses los cuadernos ni cuando rayamos con poemas rojos la pared. como quiera que sea, ella es la razón por la cual seguimos gritando sobre los escombros de esta estepa de humo a ritmo de rock. hoy estamos aquí, nos duele el mundo, la calle, el sistema; somos rupestres, sencillos y feos, pero siempre con algo que proponer; tenemos amigos con quienes curamos a risa los golpes y además cantamos desentonados en examen final de universidad.
Escribe un comentario