Esta vez no escribiré para la noche, voy a escribir para ti. Te inventaré en un poema de amor y nos iremos juntos a mirar la ciudad, como antes. Tengo todo preparado. Un viento que empezó no se donde y que me recuerda que esta soledad que me muerde te necesita cada rato más. En la azotea unos gatos cogiendo que me dicen que a veces los instintos pueden más que la razón. Que lo animal no se nos quita con nada. Unos perros que ladran y ladran (y vuelven a ladrar) que se están volviendo locos de no ver nada. Y este tic-tac del reloj que ha hecho que mi taza de café se enfrié y no me sepa igual. Y te bebo sorbo a sorbo. Y te pienso. Y te busco dentro de única frontera con el mundo. Y te hablo: ángel, bebé, chiquita. Ni madres. No se si no estás o si ya no hablo tan fuerte. Me fumo un silencio y me doy cuenta que los gatos ya terminaron pero que el otro ruido sigue ahí. Tic-tac, tic-tac, tic-tac.... Vuelvo a beberte, a pensarte, a buscarte. No se si como necio, como perseverante o como pendejo (lo más seguro). Esta vez no importa, te necesito. Y así sin poder inventarte, sin completar el poema. Un aullido me alcanza (el de una perra azul) y me encuentra sin Dios. Es entonces cuando descubro que la poesía está en ese burdel después que amanece. Cuando todos se han ido y la puta con sus medias seca su llanto. Y que el amor anda suelto en las calles. Es esa niña drogada pidiéndome un peso. Es ese anciano con frío muriendo de olvido. Es esa loca que grita y me mienta la madre. Es ese gobernador que nos roba para darle de comer a sus hijos y llevarle una flor a su esposa. Ángel, bebé, chiquita.......